MADRID.- La despedida de los desfiles militares no le fue grata ayer al presidente del Gobierno español, José Luis Rodríguez Zapatero. Hasta su ubicación, cuando salió a recibir al rey Juan Carlos que encabezó la marcha por la Fiesta de la Hispanidad, se llegaron a escuchar silbidos, abucheos y hasta gritos de los asistentes que estaban a la distancia, que le pedían que deje el poder de inmediato, sin esperar a los comicios generales previstos para el 20 de noviembre.
"¡Zapatero, devuélvenos España!" y "Dimisión, dimisión", fueron las consignas en las cuales se sintetizaba el malestar por la profunda crisis económica del país, que ha llevado a índices históricos de desocupación (superior al 20%) y a un masivo movimiento de indignados que reclaman, en las calles y en las plazas, un cambio radical en el sistema político y social.
En esta oportunidad se aumentó la distancia entre el palco de las autoridades y la presencia del público (los separaban más de 100 metros), para evitar que los repudios llegasen a los oídos de Rodríguez Zapatero y de los numerosos invitados, mayormente políticos. Esto se logró sólo en parte: si bien existieron, la realidad es que fueron menos que en años anteriores.
El clima de descontento se traduce en las encuestas: todos los sondeos indican que el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) perderá el Gobierno después de siete años en el poder, a manos del derechista Partido Popular, el que podría llegar a obtener, incluso, mayoría propia en el Parlamento.
Este resultado se daría pese a que el candidato oficialista, el ex vicepresidente, Alfredo Pérez Rubalcaba, está considerado como mejor capacitado para conducir al país que el opositor, Mariano Rajoy. Ambos conversaron ayer por más de 15 minutos, a la espera del comienzo de la ceremonia marcial en la que desfilaron 3.000 militares, 147 vehículos y 55 aeronaves. Sus allegados señalaron que el diálogo entre los postulantes abordó tanto temas deportivos generales como "la dura campaña" que los enfrenta.
Este año, aparte de la parada militar, en España se organizó una fiesta "más ciudadana, más civil", al decir de la ministra de Defensa, Carme Chacón, para lo cual se dispuso el ingreso gratuito a museos, palacios, jardines y organismos oficiales. (Especial)
"¡Zapatero, devuélvenos España!" y "Dimisión, dimisión", fueron las consignas en las cuales se sintetizaba el malestar por la profunda crisis económica del país, que ha llevado a índices históricos de desocupación (superior al 20%) y a un masivo movimiento de indignados que reclaman, en las calles y en las plazas, un cambio radical en el sistema político y social.
En esta oportunidad se aumentó la distancia entre el palco de las autoridades y la presencia del público (los separaban más de 100 metros), para evitar que los repudios llegasen a los oídos de Rodríguez Zapatero y de los numerosos invitados, mayormente políticos. Esto se logró sólo en parte: si bien existieron, la realidad es que fueron menos que en años anteriores.
El clima de descontento se traduce en las encuestas: todos los sondeos indican que el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) perderá el Gobierno después de siete años en el poder, a manos del derechista Partido Popular, el que podría llegar a obtener, incluso, mayoría propia en el Parlamento.
Este resultado se daría pese a que el candidato oficialista, el ex vicepresidente, Alfredo Pérez Rubalcaba, está considerado como mejor capacitado para conducir al país que el opositor, Mariano Rajoy. Ambos conversaron ayer por más de 15 minutos, a la espera del comienzo de la ceremonia marcial en la que desfilaron 3.000 militares, 147 vehículos y 55 aeronaves. Sus allegados señalaron que el diálogo entre los postulantes abordó tanto temas deportivos generales como "la dura campaña" que los enfrenta.
Este año, aparte de la parada militar, en España se organizó una fiesta "más ciudadana, más civil", al decir de la ministra de Defensa, Carme Chacón, para lo cual se dispuso el ingreso gratuito a museos, palacios, jardines y organismos oficiales. (Especial)